La #Biotecnología que esta envenenando al mundo

A pesar de la moratoria agraria adoptada por muchos países europeos al ingreso y producción de organismos vivos modificados (OVM) –hasta que dispongamos de más estudios fehacientes sobre la seguridad de los cultivos transgénicos–, su impacto sigue imparable. Pero, ¿es posible minimizarlo? ¿Qué peligros reales se esconden tras la «talidomida» del siglo XXI? ¿Son los transgénicos un arma de destrucción «masiva»? ¿O un experimento genético a escala planetaria?

Las cobayas alimentadas con maíz transgénico han desarrollado horribles tumores y sufrido muerte prematura debido a graves alteraciones bioquímicas, que confirman los efectos patológicos de esta clase de maíz en ambos sexos. Proponemos que los transgénicos agrícolas comestibles y los pesticidas formulados se evalúen con sumo cuidado, mediante estudios a largo plazo, para medir sus efectos tóxicos potenciales», concluye un estudio publicado en The Food & Chemical Toxicology Journal, a finales de 2012, sobre los efectos a largo plazo del consumo del maíz transgénico Bt, que posee gran resistencia a los insectos y al glifosato, principio activo del herbicida Roundup producido por Monsanto. El estudio, llevado a cabo por el biólogo francés Gilles-Eric Séralini y otros investigadores de diversas universidades europeas, levantó una gran polvareda mediática, pues confirmaba la extrema peligrosidad de consumir alimentos transgénicos, incluso en pequeña cantidad. Alarmado por este informe, el biólogo molecular Michael Antoniou, del King’s College londinense, declaró lo siguiente: «Estoy conmocionado por estos efectos tan negativos para la salud. Tengo la certeza de que el consumo del maíz transgénico y el herbicida Roundup afectan gravemente a la salud humana».

UNA GUERRA ENCUBIERTA
Pero el revuelo ocasionado no lo fue sólo por estos preocupantes resultados, sino porque Séralini no tardó en ser acusado de investigación fraudulenta y falta de rigor científico: «Las afirmaciones hechas por este estudio contradicen un gran cuerpo de investigación científica aceptada e independiente», denunció C. S. Prakash, director del Centro de Investigaciones de Biotecnología en Plantas de la Tuskegee University.

La acusación de Prakash no podía pasarse por alto, pues el Comité de Información para la Biotecnología había nombrado anteriormente a este biólogo «uno de los doce pioneros y visionarios en el progreso de la biotecnología de plantas» y, en 2006, la revista Nature lo había calificado como una de las personalidades más influyentes y notables en este campo. ¿Debemos creer a Prakash cuando dice que «no hay razón científica alguna para pensar que los alimentos transgénicos son más peligrosos que los que llevamos comiendo durante siglos»? 
Organizaciones como GM-Free Cymru y CRIIGEN han denunciado repetidamente la guerra encubierta para desprestigiar los estudios confirmatorios de la peligrosidad de los transgénicos, pero su labor sigue siendo insuficiente a la hora de frenar el poder de las multinacionales que producen y financian los transgénicos. ¿Cuántos estudios independientes harán falta para confirmar que estos cultivos son letales para los seres vivos? Y, sobre todo, ¿cómo no se han realizado más estudios científicos independientes antes de que los transgénicos se aprobaran para su cultivo por el Departamento de Agricultura de EE UU y las agencias de Drogas y Alimentos? Tal es el poder político y la avaricia de los lobbies, que llega a todas partes.

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2 años ago